Montana Rusa Hormonal
- Barbara Abate
- hace 1 día
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Te apuesto a que un día estas de ánimo y el otro no, y es que experimentar La perimenopausia no es cualquier cosa, es una etapa de transición biológica que marca el comienzo del proceso hacia la menopausia. Sin embargo, para muchas mujeres entre los 35 y 50 años, este período puede sentirse como una montaña rusa física y emocional. Cambios en el ciclo menstrual, alteraciones del sueño, aumento de peso, irritabilidad o fatiga no son simples “síntomas del envejecimiento”: son mensajes del cuerpo que buscan equilibrio.
Tu cuerpo funciona a través de un sistema neuroendocrino interconectado. El eje hipotálamo–hipófisis–adrenal (HPA) regula las respuestas al estrés mediante la liberación de cortisol y otras hormonas. En condiciones normales, este eje mantiene la homeostasis; sin embargo, el estrés crónico lo lleva al agotamiento. Te hable de este eje como un sistema de telecomunicaciones, recuerdas?
Bueno, hablemos rapidito de lo que ocurre, para que lo entiendas mejor durante la perimenopausia, los ovarios comienzan a reducir la producción de estradiol y progesterona, mientras que la hipófisis intenta compensar con una mayor liberación de FSH y LH. Este intento de ajuste genera oscilaciones hormonales que se reflejan en el cuerpo: un mes los niveles son altos y el siguiente muy bajos.

Pero como vives en un estrés constante eso eleva el cortisol, lo que puede inhibir la liberación de GnRH (hormona liberadora de gonadotropinas), provocando ciclos anovulatorios y exacerbando síntomas como insomnio, ansiedad, niebla mental o aumento del tejido adiposo abdominal.La conexión entre ambos ejes explica por qué el estrés acelera o intensifica la perimenopausia: el cuerpo prioriza la supervivencia sobre la reproducción.
Cuando esta activación se vuelve constante: el cortisol se eleva de forma crónica, altera la sensibilidad a la insulina, aumenta la inflamación sistémica y roba pregnenolona, la molécula precursora de todas las hormonas esteroideas, incluidas progesterona, estrógenos, testosterona y DHEA. Te hable de eso cuando hablamos del robo maestro.
A medida que los estrógenos descienden, se altera la sensibilidad a la insulina y disminuye la masa muscular magra. El metabolismo se vuelve más lento, se acumula grasa visceral y se modifican los niveles de leptina y grelina, afectando la saciedad.Además, los estrógenos ejercen un rol protector sobre la piel, huesos, sistema cardiovascular y cerebro. Su reducción genera mayor riesgo de osteopenia, dislipidemias, deterioro cognitivo leve y envejecimiento cutáneo.
Te voy a dejar una manera fácil de que lo identifiques. Entre los 35 y 50 años, el ciclo hormonal femenino empieza a volverse irregular. A nivel endocrino, esto se traduce en:
Disminución de la progesterona: debido a la ovulación irregular. Esta hormona tiene un efecto calmante sobre el sistema nervioso; su descenso genera ansiedad, insomnio y cambios de humor.
Estrógenos fluctuantes: pueden estar altos o bajos según el ciclo, provocando sofocos, retención de líquidos o sensibilidad mamaria.
Alteración de la relación estrógeno/progesterona: conocida como “dominancia estrogénica relativa”, asociada con migrañas, sangrados abundantes, aumento de peso y cambios en la piel.
Reducción de la DHEA y testosterona: impacta la libido, la energía y la masa muscular.
Resistencia a la insulina y mayor grasa visceral: el cortisol alto y los estrógenos fluctuantes contribuyen al almacenamiento de grasa abdominal.
Todo esto ocurre mientras el cuerpo intenta adaptarse a un entorno moderno lleno de estrés, sedentarismo, déficit de sueño, disbiosis intestinal y exposición a disruptores endocrinos, factores que amplifican el desequilibrio.
Te dejare algunas claves de mi METODO ABATE para que lo implementes
A. Alimentación
Nutrición antiinflamatoria: rica en vegetales crucíferos, omega-3, proteínas magras y fibra soluble.
Soporte hepático: incluir cúrcuma, té verde, diente de león y brócoli para optimizar la eliminación de metabolitos estrogénicos.
Evitar picos glucémicos: mantener glucosa estable previene resistencia a la insulina y sofocos.
B. Bienestar
Gestión del estrés con mindfulness, journaling o respiración diafragmática.
Dormir entre 7-8 horas, idealmente antes de medianoche, regula el eje HPA y mejora la síntesis de melatonina y hormona de crecimiento.
Priorizar espacios de placer, vínculos saludables y contacto con la naturaleza.
A. Actividad física
Entrenamientos de fuerza progresiva, 3-4 veces por semana, para mantener masa muscular y densidad ósea.
Ejercicio cardiovascular moderado, no excesivo, para preservar la salud adrenal.
Movimiento diario consciente: yoga, pilates, caminatas al aire libre.
T. Transformación
En esta etapa, la transformación no solo es física sino emocional: aprender a escuchar el cuerpo, soltar la exigencia y redefinir la feminidad desde la sabiduría interna.
E. Equilibrio
Según evaluación individualizada, pueden considerarse:
· Magnesio glicinato o treonato: mejora el sueño, la ansiedad y la función mitocondrial.
· Adaptógenos como ashwagandha, rhodiola o holy basil para modular el eje HPA.
· Vitamina B6, zinc y selenio para la conversión tiroidea y la detoxificación hepática.
· Omega-3 y coenzima Q10 para reducir inflamación y apoyar la energía celular.
· DHEA o progesterona bioidéntica bajo supervisión médica cuando haya déficit confirmado.
Stuenkel et al. (2023, J Clin Endocrinol Metab) señalan que la variabilidad hormonal perimenopáusica tiene impacto metabólico y cognitivo, y que el abordaje debe incluir estrategias de estilo de vida.
Santoro et al. (2022, Menopause) destacan que el estrés y la inflamación sistémica aceleran la transición menopáusica y agravan síntomas vasomotores.
Rocca et al. (2021, Nat Rev Endocrinol) enfatizan el rol neuroendocrino del eje HPA-HHO en la modulación del envejecimiento femenino.
North American Menopause Society (NAMS, 2023) recomienda personalizar el manejo hormonal y priorizar intervenciones basadas en evidencia para reducir riesgo cardiovascular y metabólico.



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